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Manifestantes exponen la cruda realidad del progreso climático de la COP26

El mensaje de las miles de personas que portaban pancartas en torno a la sede de la cumbre es uno con el que la mayoría de los expertos estarían de acuerdo: Los avances aún no son suficientes para evitar la catástrofe. No obstante, eso no significa que no haya habido progreso.

Lo más destacado de la primera semana de la COP26.
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Bloomberg — El desfile de anuncios realizado esta semana por los líderes mundiales, las figuras de las finanzas y los diplomáticos del clima en la cumbre COP26 culminó con un desfile de manifestantes durante el fin de semana en Glasgow, Escocia. El mensaje de las miles de personas que portaban pancartas en torno a la sede de la cumbre es uno con el que la mayoría de los expertos estarían de acuerdo: Los avances aún no son suficientes para evitar la catástrofe.

Es la cruda realidad de la lucha climática. A medida que los gobiernos, las empresas y los gestores de dinero aumentan sus ambiciones de reducir las emisiones, incluso si estas son tomadas al pie de la letra y asumiendo un cumplimiento máximo, las promesas que se están haciendo en la COP26 no alcanzan para que las temperaturas se mantengan por debajo del aumento de 1,5°C consagrado en el Acuerdo de París.

“Mantener vivo el 1,5°C″ ha sido un lema no oficial de las conversaciones sobre el clima de este año. Parece ser un punto de la lista que seguirá sin cumplirse. Eso no significa que no haya habido progreso. A continuación, un rápido repaso de lo que se ha conseguido hasta ahora mientras la cumbre del clima entra en su segunda y última semana.

Objetivos nacionales más firmes frenarán las emisiones de carbono

Como parte del Acuerdo de París, los países acordaron en 2015 establecer mayores compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero cada cinco años. Este mecanismo hizo posible que cada nación abordara el calentamiento global al ritmo que le pareciera factible a la luz de la política nacional y el desarrollo económico.

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Los nuevos compromisos nacionales asumidos en la COP26 mostraron avances. El análisis realizado por la Comisión de Transición Energética en medio de la cumbre estima que los compromisos asumidos por los países durante la conferencia y en el período previo a ella podrían reducir las emisiones anuales en 9.000 millones de toneladas de dióxido de carbono para 2030. Eso deja todavía unos 13.000 millones de toneladas anuales extra por reducir para que el mundo se mantenga en la línea de 1,5°C de calentamiento.

Un gran grupo se moviliza contra el metano

Por primera vez, el G-20 acordó que las emisiones de metano contribuyen significativamente al calentamiento global y reconoció la necesidad de reducirlas. En la COP26, más de 100 países firmaron el Compromiso Mundial sobre el Metano, cuyo objetivo es reducirlo en un 30% para 2030.

Sin embargo, el pacto no fue firmado por algunos de los mayores emisores de metano del mundo, como Rusia, China e India. También era un objetivo colectivo, lo que significa que no todos los países serían necesarios para cumplir el recorte del 30%, lo que permitiría a algunos firmar sin hacer mucho.

Y, en cualquier caso, el objetivo en sí es más débil de lo que se necesita. La Evaluación Mundial del Metano del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente determinó que se necesitaría una reducción del 45% de las emisiones de metano para 2030 a fin de cumplir el objetivo de 1,5 ºC.

Un triunfo para los árboles

El compromiso con los bosques resultó ser más popular. Los países que albergan los mayores bosques del mundo, como Brasil, Rusia y Canadá, se comprometieron a detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación del suelo para 2030. En total, los países que poseen el 85% de los bosques del mundo aceptaron el objetivo y se comprometieron a destinar unos US$19.000 millones para ello.

Pero, como es típico en los grandes compromisos mundiales que fijan la agenda, surgieron pequeñas disputas. Indonesia se metió en la polémica al decir que no aceptaba del todo “acabar con la deforestación para 2030″. En su lugar, prometió mantener la cubierta forestal, lo que significa que todos los árboles talados serán reemplazados.

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Más de dos docenas de países también se comprometieron a adoptar prácticas agrícolas más sostenibles. Las emisiones de este sector son muy difíciles de medir y aún más difíciles de reducir. Diez nuevos países, entre ellos la India, se sumaron al compromiso mundial de proteger el 30% de los océanos de su territorio para 2030, con lo que la lista de países que respaldan el compromiso supera el centenar.

Decepción para la agenda anti carbón

El presidente de la COP26, Alok Sharma, fijó como objetivo de la cumbre “relegar el carbón a la historia”. El combustible más sucio sigue representando la mayor parte de las emisiones mundiales. Las promesas de eliminar el carbón no cobraron el impulso que se buscaba, y no llegaron a conseguir el apoyo de dos docenas de países. Los grandes triunfos fueron Vietnam, Chile y Corea del Sur. Estados Unidos y China se negaron a unirse.

Las quejas sobre el compromiso no tardaron en llegar. Indonesia dijo que la eliminación de las centrales de carbón antes de su fecha de finalización contractual sólo se produciría si podía acceder al mecanismo de financiación adecuado. Polonia argumentó que debería ser tratada como un país en desarrollo y poder eliminar el carbón en 2040 y no en 2030.

La financiación del clima recibe un impulso del sector privado

Una de las prioridades del Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, para la COP26, era conseguir más dinero para acelerar la transición energética mundial. Al llegar a las conversaciones, los países desarrollados llevaban años sin conseguir juntar los US$100.000 millones anuales prometidos por las naciones ricas.

Aunque la financiación pública se considera crucial para obtener sumas privadas mucho mayores, en la cumbre hubo señales positivas de que el dinero privado podría estar preparándose para actuar por su cuenta. El ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, encabezó la formación de la Alianza Financiera de Glasgow para el Net Zero (GFANZ), que reúne a gestores de activos de todo el mundo con US$130 billones bajo gestión para aceptar el objetivo de reducir las emisiones a cero para 2050. Quedan grandes interrogantes sobre cómo se pueden medir y controlar estos compromisos.

(Michael R. Bloomberg, propietario y fundador de la empresa matriz de Bloomberg News, Bloomberg LP, es copresidente del GFANZ).

Asuntos pendientes para el comercio de carbono

A partir de la segunda semana, los negociadores se tomarán en serio la creación de un mercado internacional de carbono. Si se llega a un acuerdo sobre los detalles del artículo 6 del Acuerdo de París, el mercado podría permitir a los países y a las empresas comerciar con compensaciones de carbono. Según la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones, esto podría desbloquear hasta un billón de dólares de financiación para los países en desarrollo.

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Las negociaciones sobre este espinoso tema han acabado en fracaso en anteriores COPs. Este año podría ser diferente, en parte porque Brasil ha suavizado su postura en algunos de los temas pendientes. Pero las tensiones son elevadas de cara a los últimos días, dado que Estados Unidos y la Unión Europea se han alineado en torno a cláusulas que podrían dificultar un consenso global.

Así pues, ¿en qué punto se encuentran las cosas al final de la primera semana de la COP26? La Agencia Internacional de la Energía concluyó que, si se cumplieran todos los compromisos nacionales de reducción a cero neto -incluido el sorprendente anuncio de la India de lograrlo para 2070-, el mundo podría estar en la senda de mantener el calentamiento por debajo de 1,8ºC. Esta cifra es 0,3°C menos que la evaluación de los compromisos de la AIE publicada en octubre, pero también 0,3°C más que el objetivo mínimo del Acuerdo de París.

Tal vez el mejor resumen de las conversaciones hasta el momento provenga del primer ministro, que está haciendo de anfitriona y, en ocasiones, canalizando a la activista climática Greta Thunberg: “Todas esas promesas no serán más que bla, bla, bla”, advirtió Boris Johnson en su discurso de apertura el 1 de noviembre. Eso es, por supuesto, a menos que los objetivos que han surgido de las conversaciones se hagan realidad después.