¿Por qué las nuevas generaciones no se preocupan por graduarse?

En tecnología surgen nuevos lenguajes, versiones y sistemas a la velocidad de la luz, mientras que el programa oficial sigue algo definido hace muchos años

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Bloomberg Línea Ideas — Alrededor de 4 millones de brasileños que tienen un título de educación superior están desempleados. Los datos más recientes del INEP (Instituto Nacional de Investigación Educativa) indican que el 59% de los estudiantes que ingresaron a una universidad entre 2010 y 2019 abandonaron. Mientras que los baby boomers y la Generación X creían que un título era un camino indispensable para la empleabilidad, las generaciones más recientes están cuestionando la utilidad real de ir a la universidad.

Hay dos factores que agravan este escenario: la inflación de los costos y el endeudamiento en la educación.

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En Brasil, la mitad de los estudiantes, es decir, cerca de un millón de personas, son morosos en el programa de financiación FIES, que tiene una deuda total de 72.000 millones de reales. En Estados Unidos, los datos son más alarmantes. La deuda estudiantil ya asciende a casi US$ 1,5 billones. En ambos países, la remuneración al terminar la educación superior está muy por debajo de las expectativas.

La inflación de los costos en la educación avanza más rápido que el IPCA (el Índice de Precios al Consumidor Ampliado). En la última década, los aumentos de las matrículas en la enseñanza superior fueron unos 15 puntos porcentuales por encima de la ya elevada inflación de Brasil. En Estados Unidos, las colegiaturas crecen en promedio dos veces más rápido que la inflación general.

Al valorar estos datos, una pregunta natural es: ¿cuál es el valor del título universitario?

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La primera proposición se relaciona con el diseño de la educación.Cierra los ojos e imagínate en un aula. Si hacemos este ejercicio hoy o hace 100 años, probablemente tendremos la misma imagen: un profesor al frente y varios alumnos oyentes a su alrededor.

Cierra los ojos e imagínate en un aula. Si hacemos este ejercicio hoy o hace 100 años, probablemente tendremos la misma imagen: un profesor al frente y varios alumnos oyentes a su alrededor.

En otras palabras, nuestra experiencia docente está intrínsecamente centrada en la enseñanza, en lugar de centrarse en el aprendizaje. Tenemos acceso a zettabytes de información en la palma de nuestra mano, pero la arquitectura del aprendizaje sigue en recibir información de un profesor: el aula de la Era Industrial. El alumno es poco protagonista en su camino hacia el conocimiento. Además, apenas escuchamos a los estudiantes a lo largo de su trayectoria universitaria. ¿Cuántas universidades miden el NPS (score de satisfacción del cliente) durante el curso?

La tecnología está enormemente subutilizada en la educación. Todos los alumnos van al mismo ritmo en clase, aprendiendo las mismas cosas. Podríamos utilizar la computadora para ayudarnos en los viajes de adaptación para cada curva de aprendizaje. Un pasaje del libro “Disrupting Class” de Clayton Christensen me impresionó mucho: pusimos la computadora en el aula, pero seguimos presentando nuestros proyectos en Powerpoint como lo hacíamos en cartón en décadas pasadas. En mi primera clase de programación en la universidad, hicimos el examen con lápiz y papel.

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Un último punto es la velocidad de adaptación.

La normativa vigente no puede seguir el ritmo de los cambios en el mercado laboral. En tecnología, por ejemplo, surgen nuevos lenguajes, versiones y sistemas de trabajo a la velocidad de la luz, mientras que el plan de estudios oficial debe seguir algo definido hace muchos años. Además, hay un cálculo clásico del Foro Económico Mundial que dice que el 50% de los puestos de trabajo de esta década aún no existen. Si seguimos enseñando de la misma manera que en el pasado, ¿estaremos preparados para ese futuro?

El valor de la academia para el avance de la investigación y la tecnología es indiscutible. Sin embargo, una gran proporción de los jóvenes que ingresan en la universidad no siguen este camino. En Estados Unidos, una estadística realizada por la UCLA indica que la principal razón por la que el 85% de los estudiantes entran en la universidad es conseguir un buen trabajo.En Alemania, en lugar de seguir el curso natural de la universidad, cerca de la mitad de los jóvenes asisten a una formación profesional de dos o tres años con formación objetiva para ocupaciones específicas. Este enfoque da lugar a una de las tasas de desempleo juvenil más bajas del mundo.

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En Alemania, en lugar de seguir el curso natural de la universidad, cerca de la mitad de los jóvenes asisten a una formación profesional de dos o tres años con formación objetiva para ocupaciones específicas. Este enfoque da lugar a una de las tasas de desempleo juvenil más bajas del mundo.

La dinámica de la pandemia nos ha hecho replantearnos el futuro de la educación. Creo que ha llegado el momento de considerar nuevas formas de educación a escala que maximicen la empleabilidad y la libertad de elección de los individuos.

Este texto no refleja necesariamente las opiniones de los consejos de redacción de Bloomberg Línea, Falic Media o Bloomberg LP y sus propietarios.

Felipe Paiva

Felipe Paiva ES

Felipe Paiva, ingeniero egresado de Ingeniería de la Producción por la Escuela Politécnica de la USP y fundador y CEO de Let's Code